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Elecciones 2011: Que Dios nos ayude

Thursday, April 7th, 2011

Porque en Perú, los políticos son memes de Internet

No soy un entendido en política, pero igual usaré mi derecho a opinar.  Dirijo estas cortas líneas a quien tenga interés en leerlas. Nuevamente, la situación actual se me hace tan abrumadora que debo plasmarla en este blog para poder continuar tranquilo con mis obligaciones diarias. Ni siquiera he almorzado aún, pero no importa.  Las ideas rondan mi cabeza a tal velocidad que debo aterrizarlas antes de que se me escapen y no pueda expresar mi preocupación sobre el tema.

Señores, se nos acerca esa fecha que se repite en nuestro país cada cinco años y que supone toda una tortura para el ciudadano de a pie: las elecciones presidenciales.  ¿Y por qué es una tortura? Primero, por el circo mediático que se arma en torno a los candidatos, lo que dijeron, lo que dejaron de decir, sus trapitos sucios, sus verdades ocultas y cualquier forma de satanizarlos.  Segundo, porque durante las elecciones se pone de manifiesto la intolerancia imperante en nuestro país, especialmente si tus ideas son un tanto “zurdas”, algo que en este país se castiga, en algunos sectores, con muerte por lapidación social. Tercero, porque, aprovechando el pánico, ciertos individuos intentan hacerse de un escaño en el Congreso de la República con el único fin de llenarse los bolsillos de dinero malhabido (¿acaso hay otra razón? ¿trabajar por el país? ¿mejorar las leyes?) y luego, cuando todo el mundo despierta de su letargo electoral, se nos han colado mataperros, comepollos, robaluces, lavapies y demás joyitas congresales que nos han alegrado los titulares de los diarios en los últimos años.  Finalmente, porque, en estas elecciones especialmente, nos damos de cara con nuestra triste realidad: El único que puede traerse abajo a un peruano es otro peruano.

Y aquí el asunto que más me preocupa de todo esto: El candidato de izquierda que posiblemente se convierta en el gobernante de nuestro país tiene el 30% de intención de voto y la gente se rasga las vestiduras como si se acercara la Tercera Guerra Mundial, cuando no se dan cuenta de que ellos mismos han propiciado este resultado. Si, asustado elector, tú mismo lo has ocasionado.  “¡Horror! ¡Pero si yo no me he metido con nadie! ¡Yo no he hecho nada para que ese individuo esté por llegar a la presidencia! ¡Es que la gente es bruta, eso es! ¡No saben lo que hacen!“. Entonces, asustado elector, yo te pregunto lo siguiente: En CINCO largos años… ¿Has hecho algo para evitarlo? ¿Te has tomado la molestia de crear conciencia política en una sola persona que no sea de tu entorno privilegiado? Porque te comento, asustado elector, que ese 30% es, en su mayoría, aquel sector de la población invisible a tus ojos, ese que te ve circular por las calles de Lima en tu camioneta de 100 mil dólares desde la combi, ese que compra el menú que le lleva una señora en un taper hasta la puerta de su trabajo mientras tu te das tus gustitos en esos restaurantes exclusivos, ese al que dices “cholo ignorante tenías que ser” cuando te atiende mal en un negocio cualquiera.  ¿Te has puesto a pensar, asustado elector, cuántos peruanos conforman el sector A/B que ha tenido la dicha de gozar de una educación de calidad que le permite decidir conscientemente quiénes serán sus representantes en el gobierno? ¿Y has comparado ese número con el de peruanos que conforman los sectores C/D/E/F… Z que tienen que soportar, incluso ahora, una educación mediocre y unas pésimas condiciones de vida que son mil veces peores que lo que has visto por la televisión en uno de esos programas de vidas extremas?

San Juan de Lurigancho, el distrito más grande de Lima… ¿Y donde está la bonanza económica?

“Pero yo trato bien a mi empleada y dono ropa vieja para los niños que se mueren de frío en Puno y hago mi chocolatada en Navidad”, tal vez dirás.  Pero y… ¿has hecho algo más para cambiar la realidad de un país que clama por más justicia?  Porque en este país, lamentablemente, algunos (quizás te incluyo a ti) creen que el Perú es Lima, y que Lima es San Isidro, Miraflores, Surco, San Borja y La Molina. Que, en este caso, vendrían a ser los 20 individuos que se reparten la torta de los 500 que quieren torta, según esta estupenda analogía de La Cruzada del Ignorante. Porque fijate a tu alrededor: ¿Quién clama “justicia” y quién clama “democracia” en estas elecciones?  Yo te lo diré: “Justicia” clama el sector olvidado del Perú, al que le prometieron “chorreo”, “igualdad de oportunidades”, “aumento de salarios”, “derechos sociales” y una larga lista de promesas que, una vez más, nunca se cumplieron.  “Democracia” clama el sector que ha disfrutado de los beneficios de “la torta” durante varios años y que ve cómo poco a poco Perú está por convertirse en una suerte de Venezuela (esperemos que no) por culpa de un grupo de “ignorantes” que clama “justicia”.  No esperes pues, asustado elector, que 50 individuos hambrientos no reclamen su porción de torta luego de ver por tantos años cómo tu comías torta con tus amigos al otro lado de la ventana (y no invitabas ni un pedacito).

“¿Sabes qué? Al carajo, jódanse todos ustedes por ignorantes, yo me largo a vivir a Europa, allá si son civilizados”. Qué fácil es para ti, asustado elector, huir cuando se hunde el Titanic mientras el resto de los pasajeros que no pudieron conseguir un puesto en los botes de rescate tiene que ingeniárselas para sobrevivir.  Porque bueno, a ti no te afecta, tienes la vida asegurada sea cual sea el resultado de esta elección. Felizmente en nuestro país hay gente que está dispuesta a aceptar el reto y sacar a flote el país, independientemente de quién llegue al poder.

¿Qué hacer? ¿Ahorita? Nada, ya estamos jodidos. Esto es un tren desbocado dirigiéndose inevitablemente a un abismo.  ¿En los próximos cinco años? Mirar más allá de tu burbuja rosa y ser consciente de que la realidad de nuestro país es otra.  Olvidémonos del Perú “macroeconómico” que no se refleja en el “microeconómico”.  Simplemente vuelve tus ojos a aquellos que siempre fueron invisibles, préstales tu atención, tus oídos y, en la medida de lo posible, tu ayuda. Y no, no estoy queriendo ser “asistencialista”, se trata de entender cómo es posible que, si nuestro país está atravesando una bonanza económica, no todos estén disfrutando los frutos en proporción a su trabajo.

Votes por quien votes, no lo hagas decidiendo en base a encuestas o en base a lo que dicen tus amigos esos que ya creen que su candidato es Cristo reencarnado y creen que lo contrario es una blasfemia. Tómate el “arduo” trabajo de leer los planes de gobierno y las propuestas, aunque no se cumplan, para al menos tener una idea de por dónde van las intenciones del candidato.  Vota consciente y no por “el menos malo” en aras de “luchar unidos por la democracia”. ¿Mi voto? Es irrelevante. Yo no voy a esperar a que Papá Gobierno decida moverse, yo me muevo para cambiar lo que me jode de esta, nuestra realidad nacional.  Yo ya me estoy preparando para lo que viene, pues sería inútil negarlo.

Yo ya estoy preparado