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El Chef Escribe: Ausencia de Musa

Monday, September 7th, 2009

Retomando la costumbre de los “lunes literarios”, ejerceré una vez más la saludable costumbre de estimular mi vena literaria.  Pero ¿Cómo estimular dicho talento cuando la musa inspiradora nunca se presenta? Pues a veces la mejor técnica para llamarla a nuestra presencia es simplemente relatando cómo se siente su ausencia.  El resto llega solo.  Con mucho cariño para ustedes, navegantes, este pequeño relato.

La Hora del Break presenta

Ausencia de Musa

¡Oh, inspiración mía, vuelve hacia este tu más ferviente seguidor! ¡Vuelve a hacer de mí un instrumento de tu divina creación, no me abandones en este difícil trance que me aqueja!

Me siento delante de la PC dispuesto, como siempre, a volcar toda la inspiración de que la Musa me hiciera su intermediario. Pasaban los minutos, las horas, los días y el mismo ritual se repetía en todos ellos: me sentaba delante de la PC, en espera de esa fugaz inspiración… y nada. “Extraño”, pensé, pues todos estos días la musa me tenía entre sus preferidos, y no había un solo momento en el que no brotara de mi mente una de sus maravillosas creaciones. Pero así como había venido, sin avisar, también había desaparecido. Mi cerebro no era capaz de hilvanar dos ideas coherentes que sean medianamente entendibles, todo por la ausencia de la Musa de la Inspiración. ¿Tan repentino y efímero es el arte entonces? ¿Los grandes compositores, los genios musicales, los artistas legendarios, todos ellos tuvieron solo una suerte de “arranques memorables” de inspiración?

Y luego me puse a pensar en todos aquellos, grandes leyendas en sus respectivas ramas del arte. ¿Qué técnicas habrán empleado para capturar por más tiempo aquella indispensable esencia de la Musa? ¿Habrán seguido algún ritual, alguna rutina especial antes de emprender su obra creadora? Muchos genios fumaban, dormían, caminaban o tenían sexo antes de ponerse a crear (si no han hecho lo último, pues debieron hacerlo ^_~ ). A otros tantos la Musa los pescó en los lugares más inverosímiles, como en el caso de Tales de Mileto, que pronunció su inmortal “¡Eureka!” mientras salía corriendo de su tina de baño, totalmente desnudo por las calles de su barrio. Pero si algo tenían todos en común, era que en ellos, la Musa siempre se manifestaba, y era raro que tuvieran una “sequía de inspiración” como la que tengo estos días.

Todos tenemos una Musa inspiradora. Para algunos, la dueña de su corazón. Para otros, la dueña de sus fantasías. Para mí, la Musa es algo abstracto. No es alguien, es algo. Un sentimiento que te envuelve completamente, que te hace decir sin tener intención de decir, hacer sin intención de hacer, un ente que te manipula y te convierte en la extensión de sí para obrar maravillas, creaciones que son un deleite para el sentido y la razón. Un ser tan esquivo, pero a la vez tan sublime, que si alguien intentara por el resto de su vida capturarlo en una foto, lo lograría antes de morir, extasiado de tanta belleza, con una sonrisa en los labios, y no sería una vida completamente desaprovechada, pues la recompensa a su esfuerzo sería ver lo que otros sueñan con ver en algun momento de su vida: el ideal de la perfección. Pongo mi música, me sirvo una taza de café, tomo nuevamente posición frente a la PC y espero, como quien espera que Dios se apiade de su alma, al regreso de la Musa, de quien soy un fiel esclavo…

TheMuse

La musa de poetas y artistas, la musa que despierta el don divino de la inspiración.