Ya había pasado algún tiempo desde la última vez que puse algo de lo que me dictaba la musa. Fue en Junio, para ser exactos, que publiqué mi último ataque de inspiración. Uno de mis mejores y más logrados trabajos, siendo sincero. Y como he decidido empezar el mes con buen pie, retomando el ritmo, aquí les presento, navegantes, un relato con el que algunos se sentirán identificados. En especial, si viajan en transporte público, como yo ^^.
Tráfico
Han pasado ya 40 minutos desde la última vez que miré mi reloj en el asiento del bus que me lleva a mi casa. Minutos que nunca recuperaré, minutos que han sido desperdiciados en la nada productiva actividad de permanecer sentado mirando hacia el exterior a través de una ventana de cristal. Tanto tiempo ha transcurrido que ya ni siquiera tengo energías para renegar o maldecir a la luminaria a la que se le ocurrió la brillante idea de remodelar todas las vías de Lima en tan poco tiempo. No pudieron hacerlo en años, y se les ocurre hacerlo en meses. Ilusos. Aunque más ilusos somos nosotros, que aún guardamos la esperanza de que, ese día que salimos más temprano de trabajar, el tráfico mágicamente desaparezca, y tengamos la vía libre para llegar a nuestros hogares en un cuarto de hora o menos. O tal vez imaginamos que un milagro sucederá y todas las luces de tránsito cambiarán a verde mientras evadimos ferozmente el embotellamiento en el que estamos atascados. Pero la música del bus, selección exquisita del chofer de turno, me regresa a la cruda realidad: estoy condenado a esperar aún más tiempo para llegar a mi hogar.
Mientras miro por la ventana de mi asiento a la gente que camina apresurada por la acera pienso en el acelerado ritmo de vida que llevamos. La sociedad nos exige ir a mil por hora, y en una urbe como la que es Lima, uno siempre está con el tiempo en contra. Sale tarde, llega tarde, empieza tarde, se reune tarde. No es porque sea realmente tarde, sino porque nuestras visiones del tiempo son distintas. Esos 40 minutos que acabo de desperdiciar miserablemente mirando por la ventana del bus se hacen una eternidad si los comparamos con 40 minutos de frenética danza en una discoteca, o los 40 minutos más interesantes de tu clase favorita. Hasta los 40 minutos finales del final de temporada de Dr. House se quedan cortos comparados con 40 minutos en el tráfico. Perdón, 45 minutos en el tráfico, ahora que vuelvo a ver mi reloj.
Resignación, es todo lo que puedo sentir ante una impotencia abrumadora por no poder moverme de mi lugar. Claro, más rápido avanzaría caminando o, si tuviera carro, cortando camino por algún atajo que solo unos cuántos conocemos. Pero estoy cansado y no me queda más que hacer esta demora menos pesada.
No es que la selección musical del chofer me desagrade, pero prefiero mi propia selección. Audífonos en posición, canción seleccionada, y comienza el suave arrullo de la melodiosa voz de Norah Jones mientras me dejo vencer por el cansancio. Me acomodo lo mejor que puedo en el asiento, apoyo mi cabeza contra el dorso de mi mano y trato de recuperar un poco del tiempo perdido restaurando energías. Mis ojos se cierran lentamente. Lo último que logro ver es que han pasado ya 50 minutos, pero ya nada importa ahora. Ese sueño delicioso que uno coge rendido de cansancio desvanece el mal humor, la incomodidad, los pensamientos. Si el hombre se queja tanto de no tener respiro, debería aprovechar el tráfico para desconectarse del mundo y dejarse llevar. Norah Jones sigue cantando a lo lejos, y su voz cada vez es más débil.
Abro los ojos. Estamos moviéndonos, pero a toda velocidad. Miro por la ventana y reconozco las calles. Me pasé mi paradero, pero me levanto tranquilo de mi asiento. Salí del tráfico, aunque tendré que caminar un poco.

muy bueno, a mi me gusta hacer lo mismo, me siento tannn relajado en el carro a pesar de que ni siquiera me muevo, el problema viene cuando estoy apurado, pero eso ya es otro problema u.u
Debería haber un decreto que obligue a los funcionarios públicos a usar el transporte publico, haber si se la aguantan :S
pues gracias al trafico ahora salgo mas temprano de casa y consecuentemente tengo mas tiempo para “estudiar” en el camino.
Si no hubiera trafico, me quedaria en casa hasta a ultima hora, perdiendo el tiempo en la compu y no estudiaría ni una pizca.
Besos!
Esa es una pesadilla que viven casi todas las ciudades grandes. Algunos han optado por usar una motocicleta y avanzar rápidamente entre las colas de los vehículos.
Otros andan a pie si las distancias no son muy grandes, es un buen ejercicio, pero no creo que sea muy sano respirar el aire asquerosamente contaminado.
otros aprovechan para hacer una siesta (obviamente si no van conduciendo).
Y por último, conozco una extraña mujer que tiene la costumbre de rezar el rosario en el tráfico… si, rezar el rosario.
En fin, cada uno se busca su solución.