La Navidad me pone Grinch

El Grinch odia la Navidad… No puedo culparlo

No sé exactamente desde cuándo dejó de gustarme la Navidad, o al menos desde cuándo perdí el entusiasmo por ella. No sé si fue el tráfico infernal desatado en las calles por estas fechas, el estrés ocasionado por las compras navideñas, las lucecitas de colores adornando cuanta ventana, aparador, puerta y balcón que cruzan por mi camino, los Toribianitos cantando “El Burrito Sabanero” por enésima vez con esa voz tan particularmente fastidiosa que ellos tienen, o el insufrible ritual de armar el Nacimiento y el árbol, que por mi alergia terminan destrozando mis vías respiratorias gracias al polvo acumulado de un año en las cajas. No sé si todo lo mencionado extinguió mi espíritu navideño, al estilo Grinch, o si simplemente lo transformó en algo distinto. Pero de que no veo estas fechas como el resto, no las veo.

Sin duda lo que más me desespera de la Navidad es la hipocresía de la gente. Por las calles todos andan preocupados por los regalos que será mejor dar, cuánto deberán costar para no parecer un tacaño o un misio, qué regalo será el que recibirán, si el “amigo secreto” adivinará que realmente nos morimos por recibir un regalo de más de 20 dólares, cuánto afectarán los regalos en nuestro presupuesto para la juerga de fin de año, etc. Y si un niño de la calle les toca la ventana del carro para pedirles una limosna, prefieren ignorar que existe y siguen con la vista al frente, pensando en los mil gastos que deben hacer. Y si se ponen generosos, se aseguran de que todo el mundo los vea, para que les digan “Ay, que noble y generoso, que alma tan caritativa”, y luego se toman mil fotos para subirlas a su Hi5, se ponen mil brazaletes de goma de todos los colores y luego andan jactándose con todo el mundo de que ellos si ayudaron. ¿Y si no hubiera reconocimiento alguno? ¿Serían igual de dadivosos?

No nos engañemos, señores. El significado real del Nacimiento de Jesús ya se perdió hace mucho tiempo. Todo lo que puedo ver ahora, con decepción, es consumismo, consumismo y más consumismo. Sin regalos no hay Navidad y sin Navidad no hay regalos. Fuiste un insensible todo el año, pero como es Navidad, tratas de compensar un poco tu falta de sensibilidad haciendo algún gesto noble que sea bien visto por el resto. Así, te ganas tu pedacito de cielo y puedes cenar tranquilo en Nochebuena, a pesar de ver ocasionalmente a algun niño abandonado cruzando por tu ventana en Navidad.

La mejor Navidad que he pasado en toda mi vida no ha sido de regalos, ni de grandes cenas, ni de celebraciones fastuosas dignas de recordar. Mi mejor Navidad ha sido una en la que faltaba el dinero. Por circunstancias que no recuerdo bien, esa Nochebuena nos sorprendió sin un quinto a todos. Sin regalos, sin pavo, sin champagne, sin puré de manzana ni nada de eso que hace característica una Navidad. Pero ese día recibí el regalo más especial que jamás he recibido hasta el día de hoy: un vale. Y es que, como nadie tenía ni para la cena, se nos ocurrió imprimir vales con nuestros mejores deseos. A mi tío le regalé un vale para ser cambiado por una Mitsubishi Montero 4×4. A mi madre, un vale para canjearlo por tranquilidad y paciencia, que en ese tiempo le hacía mucha falta. A mi abuelita, uno válido para cambiar por la tranquilidad que desee. Y a mi hermano, uno para ser canjeado por una carrera universitaria de su elección. Aún conservo mis vales por un Audi TT, una carrera universitaria y un departamento de lujo en la mejor zona de Lima. El vale de paciencia que me regalaron ya lo cambié hace mucho, y agradezco haberlo recibido.

A este punto quería llegar, y este sea mi mensaje navideño. Que esta Navidad no sea el único día en el que te vuelves generoso y no te duela darle un sol a un niño pobre. Que esta Navidad sea más bien el primer día de tu nueva generosidad y que así se mantenga todo el año. Que esta Navidad no sea la típica fiesta de regalos bonitos, costosos o prácticos. Que más bien sea una fiesta en la que regales los mejores deseos, y los más bonitos sentimientos a todos tus seres queridos.

Y por supuesto, que esta Navidad le des a tu cerebro un descanso de la vida cotidiana, porque en La Hora del Break, lo que menos queremos es que te conviertas en víctima de la rutina y te pierdas el verdadero significado de la Navidad:

“Totalmente para el olvido… preferiría oír uñas rayando una pizarra”
Navidad en casa de Simon Cowell

No solo Santa Claus trabaja en Navidad

“Querido Santa, si dejas una bicicleta nueva bajo el árbol, te doy el antídoto del veneno que puse en la leche. Timmy”

¿Alguna vez te preguntaste de dónde venía la fruta confitada?

“Hey, ¿Estás pensando lo que yo estoy pensando?”

“Entonces, ¿De qué querías hablar?”

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span style=”font-style:italic;”>Alguien no va a recibir sus regalos a tiempo

“¡No vale la pena, Roy! ¡Solo démosle nuestras narices y dejémoslo ir!”

Feliz Navidad, navegante, y que la vivas como se debe.

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One Response to “La Navidad me pone Grinch”

  1. yo says:

    buen articulo, relata todo lo que es la navidad, y tambien lo que deberia ser…

    PD: ¿hace cuantos años se perdio lo del “nacimiento de Jesus”?

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