Hace poco vi en un suplemento dominical de un diario local que habían hecho un informe acerca de El Secreto, de la australiana escritora y productora de TV Rhonda Byrne, y de cómo el libro se había convertido en Best Seller en Estados Unidos, y ahora en Perú también encabeza las listas de ventas de las principales librerías locales. Pero, ¿Y de qué se trata El Secreto?
Tuve la suerte de toparme con El Secreto a través de mi padrino (no mágico, o al menos no tanto), Miguel Hung, representante del Método Silva en el Perú, de quien fui alumno en mi niñez, y luego también ya más grandecito. Un día, en una de tantas conversaciones, y cuando más necesitaba de consejo, mi padrino mencionó dicho libro, que me recomendó bastante y me aseguró que me daría algunas respuestas. Bastante intrigado, busqué el libro por doquier y por fin di con él. En un par de días me lo acabé, el libro me pareció de lectura muy ligera y nada aburrido, así que no creo que haya tenido mucho que ver el hecho de que me guste leer. Luego me enteré que la autora también había hecho una especie de documental para la televisión que había sido transmitido en varios países y que había generado reacciones positivas en el público.
El libro básicamente trata sobre la Ley de la Atracción, que dice que uno solamente atraerá aquello que predomine más en su mente. Esto funciona de manera muy graciosa, pues según el libro, tu atraes lo que piensas, ya sea que lo quieras o que no lo quieras. Usando un ejemplo del mismo libro, vamos a suponer que el Universo es el genio de la lámpara y que tu eres Aladino. Tu le dices al genio “Quiero tener dinero” y el genio solamente dirá “tus deseos son órdenes”, y acomodará todo a tu alrededor para que puedas tener ese dinero que necesitas. En el divertido “catálogo del Universo”, tu solo debes “ordenar” lo que desees y llegará a ti, sin duda alguna. O al menos, eso dice el libro. Esto puede ser un arma de doble filo, pues por desgracia el Universo solamente sabe de hechos, no de intenciones. Si tu solo piensas “no quiero tener deudas… no quiero tener deudas”, lo único que el Universo entenderá será “… deudas… deudas”. Y como el genio solo esta para cumplir órdenes, es lo que recibirás.
“Si, claro” pensé luego del libro y el video. Total, eso es sólo un libro de autoayuda que usa gente que no confía en nadie y por eso pide ayuda a los libros… pero, ¿sería cierto? La idea de ser un comprador en el “catálogo del Universo” me parecía fascinante, así que decidí darle una oportunidad a esa loca idea y me fui a dormir.
Al día siguiente fui a trabajar como todos los días. Todo seguía siendo tan monótono y rutinario como siempre, hasta que a mediodía recordé “El Secreto” y decidí ponerlo en práctica, con algo simple, como el mismo libro sugería. Como ya se acercaba la hora del almuerzo, pensé: “Quiero un bisteck… o sino una milanesa… y si se puede, con esa sopa de queso tan rica que la señora de la pensión sabe hacer…” y, casi saboreando la comida, me fui a almorzar. Al llegar a la pensión, la señora me sale con que no había podido cocinar ese día. Una emergencia familiar le había ocupado toda la mañana y no sabía cómo disculparse. “Pero no te preocupes – me dijo la señora -, mi nuera ha venido a ayudarme y me ha traído almuerzo que ha cocinado en su casa, si quieres de ahí te sirvo“. Un poco decepcionado, acepté. Cuando la señora me sirvió el bisteck que su nuera había preparado, quedé atónito. A lo lejos podía escuchar el tema de “La Dimensión Desconocida“.
Mientras almorzaba, solo podía pensar que se trataba de una graciosa coincidencia. “Bah, una coincidencia en el dia, gran cosa“, me decía a mí mismo. Pero tenía que quitarme la duda. Luego de almorzar, traté de forzar un poco a la suerte. “Quiero que alguien me invite un chocolate“, fue mi segundo pedido… pero luego recordé que había una chica en la oficina que todos los días invitaba golosinas a todos nosotros, así que pensé en algo un poco más complicado. “… Y quiero que una chica me haga un cumplido” pensé, y eso si iba a ser una prueba definitiva de que lo primero no fue una coincidencia.
El día en el trabajo transcurrió sin mayores sorpresas. La misma gente, en el mismo orden, diciendo las mismas cosas, ya estaba acostumbrado. Faltando una hora para salir, se acerca esa chica de siempre y me dice “¿Quieres un chocolate? Te invito“. Acepté, aunque no tan sorprendido pues esa algo de todos los días, aunque haya sido mi segunda coincidencia.
Cerramos la oficina y un rato después llegó un chico nuevo que trabajaría con nosotros a partir del día siguiente. Las chicas, mortificadas, reclamaban a viva voz la injusticia que cometían con ellas. “¿Por qué siempre mandan chicos feos? Siempre que mandan un nuevo, mandan cada mostro que la verdad…“, decía una. “Si pues, que injusticia, cuando mandan chicas nadie reclama, pero cuando mandan chicos parece que buscan a los más horribles para que trabajen acá“, decía la otra. “Tienes razón… al menos Raúl no es tan feo“, dijo la última, y yo me quedé mirándola sorprendido. “Si pues, no es que seas un cuero, pero al menos eres aceptable“, dijo ante mi gesto. No sé ustedes, pero eso a mí me sonó a cumplido.
De regreso a la pensión, no sabía que pensar. Había tenido tres coincidencias sorprendentes en un solo día, y eso me hacía sentir extraño. ¿Sería posible que esa loca idea de la “Ley de la Atracción” tuviera algo de certeza? Según la física cuántica, esta demostrado que nuestros pensamientos logran influir en el plano físico de una forma que los científicos aún investigan. También se ha probado que lo que sucede a nivel sub-atómico tiene influencia en lo que sucede en niveles superiores. Quizás esa Ley de la Atracción tenga algo de cierto, pero aún me quedaba la duda. Llegué a mi casa y la señora ya había cocinado. Apenas apareció trayendo un plato de sopa de queso en una mano y una milanesa en la otra, mis dudas quedaron despejadas. Con música de “La Dimensión Desconocida” en el fondo, terminé de convencerme de que la Ley de la Atracción es verdadera.
Desde ese momento, puedo decir, sin temor a parecer ridículo, que muchas de mis carencias han desaparecido. Tampoco es que me haya sobrado todo de la noche a la mañana, pero al menos no me falta nada, que es lo importante. Eso y el hecho de que esas graciosas “coincidencias” desde ese día aumentaron en frecuencia y volumen.
Así, cualquiera vive tranquilo, ¿No creen?
Si alguien quiere que le preste el libro, escríbame un correito y vemos cómo hacemos ^^.
