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Parecía una escena sacada de una película. Un pequeño avión de carga, volando sobre una congestionada autopista, comenzó a perder altura y a descender en espiral en los cielos de Florida.
Entonces impactó un almacén, atravesando su ala derecha, chocando luego en un lado del camino, a pocos metros del tráfico.
El piloto de la avioneta bimotor Beech 18, Robert Robertson, sobrevivió solamente con heridas menores. La única persona a bordo, el Sr. Robertson, se rompió la pierna izquierda, el brazo izquierdo, la nariz y sufrío un corte profundo en la frente.
“Fue su día de suerte“, dijo el testigo Stewart McLeod. “Toda la parte frontal del aeroplano desapareció, y solo quedó él sentado con el cinturón de seguridad puesto“.
El Sr. Robertson, de 34 años, había despegado del aeropuerto ejecutivo de Fort Lauderdale llevando un aeroplano lleno de carga (zapatos, ropa, productos no perecibles y otros) a Nassau, Bahamas.
En pocos minutos hizo un llamado de emergencia a control de tráfico aéreo.
“La aeronave no estaba ganando altitud – dijo una portavoz de la Administracion de Aviación Federal -. Luego, se vino abajo“.
La cabina de mando del aeroplano de 43 años de antigüedad, fue destruida en el accidente. Los equipos de bomberos quedaron sorprendidos al encontrar al Sr. Robertson con vida, dijo el portavoz de la oficina del Sheriff Mike Jachles. “No había cabina cuando llegaron al lugar” dijo. “Estaba respirando y consciente. Le dijo a los médicos que el motor se apagó al despegar“.
Charles Jules, un testigo, dijo: “Casi me muero del susto. Fue lo más aterrorizante que jamás he visto. Es decir, es un avión viniendo hacia ti… Todo el mundo pensó que estaba muerto (el Sr. Robertson). Estaba ahí tumbado, sin moverse. Después se despertó lentamente, tocándose la cabeza. Estaba desorientado“.
Cuando no te toca, no te toca, definitivamente.